Evangelismo: definiciones

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Nuestra discusión sobre el significado y alcance de la salvación y sobre la misión de la Iglesia respecto a la justicia social nos lleva, casi por sí sola, a reflexionar sobre la naturaleza de la evangelización. El concepto «evangelizar» y sus derivados son de uso bastante más antiguo que la palabra «misión» y, por supuesto, ocurren con cierta frecuencia en el Nuevo Testamento (euangelizein [o euangelizesthai] y euangelion). Sin embargo, estos términos cayeron en desuso casi completamente durante la Edad Media (Barrett 1987:s.). Aun hoy casi nunca aparecen en la traducciones de la Biblia al inglés; euangelion por lo general se traduce como «gospel» y euangelizesthai/euangelizein como «preach the gospel» («predicar el evangelio). Desde principios del siglo diecinueve el verbo «evangelizar» y sus derivados «evangelismo» y «evangelización» fueron, sin embargo, rehabilitados en círculos eclesiásticos y misionológicos. Salieron a la luz de manera prominente alrededor del año 1900 por razón del lema «La evangelización del mundo en esta generación» (:30).

Después de volver a caer en desuso temporal entre los años 1920 y 1960 los términos otra vez alcanzaron a jugar un papel prominente a partir de 1970 en círculos protestantes (ecuménicos y evangélicos) y católico-romanos (Barrett 1987:60–66). Un hito que marcó la época (:66) en ese sentido fue la publicación, en 1975, de la exhortación apostólica EN, del papa Pablo VI. De igual importancia fueron la Asamblea de Nairobi del CMI, en el mismo mes de la publicación de dicho documento, y la publicación, en 1982, de Mission and Evangelism—An Ecumenical Affirmation (Misión y evangelización: una afirmación ecuménica)(CMI). De hecho, estas reuniones y los documentos citados marcan un reavivamiento significativo del interés en la evangelización, tanto en círculos católico-romanos como protestantes (Gómez 1986:35).

Respecto al sustantivo, cabe subrayar que en el mundo de habla inglesa tanto el movimiento protestante evangélico como los católicos romanos parecen dar preferencia al término «evangelización», mientras los protestantes ecuménicos prefieren «evangelismo».* Optaré por el término «evangelismo» para referirme a (a) las actividades relacionadas con la expansión del evangelio (definidas como sean; ver más adelante), o (b) la reflexión teológica sobre estas actividades. La «evangelización» se referirá a (a) el proceso de la expansión del evangelio, o (b) el grado en que se ha expandido (por ejemplo en la expresión «aún no se ha logrado la evangelización del mundo») (cf. Barrett 1982:826; 1987:25s; Watson 1983b:7).

Aún resulta difícil, sin embargo, determinar con precisión lo que quiere decir un determinado autor al utilizar el término evangelismo o evangelización. Barrett (1987:42–45) ha elaborado una lista de setenta y nueve definiciones, a la cual se podrían agregar muchas otras. Generalmente la controversia prevalece en dos áreas: las diferencias (si las hay) entre «evangelismo» y «misión», y la esfera o alcance del evangelismo. Los dos temas están, además, íntimamente relacionados.

En primer lugar, algunos sugieren que la «misión» tiene que ver con el ministerio a personas (en particular del Tercer Mundo) que todavía no son cristianas, y que el «evangelismo» tiene que ver con el ministerio a personas (en particular en Occidente) que ya han dejado de ser cristianas. La existencia de los que «ya han dejado de ser» cristianos refleja una nueva situación. Antes de la Ilustración y la época de los descubrimientos, todas las personas fuera del ámbito occidental eran «paganos», mientras todos los occidentales se consideraban cristianos. Ahora en Occidente también hay «no creyentes». Se argumenta, sin embargo, que la diferencia en la terminología es necesaria cuando se refiere a la labor de la Iglesia entre estos dos grupos. La misión, se sugiere, tiene que ver con la primera conversión, con la «cristianización», con vocare, con un primer inicio, con el extranjero lejano; el evangelismo tiene que ver con la reconversión, la recristianización, revocare, un nuevo inicio, el vecino alejado (cf. Barth 1957). Dentro del cristianismo occidental, entonces, el orden del día es el evangelismo, no la misión. Se considera que las «misiones nacionales» (evangelismo) son algo teológicamente distinto de las misiones (foráneas). La diferencia es, al mismo tiempo, geográfica. En palabras de Margull, «el distintivo de la misión foránea es proclamar el evangelio donde aún no existe una iglesia, donde el Señorío de Dios nunca—históricamente hablando—se ha proclamado, donde el objeto de preocupación son los paganos (1962:275). La misión, entonces, tiene lugar en un medio precristiano. En contraste con esto, Margull define evangelismo, al que también distingue de manera clara de la predicación «normal» de la Iglesia a sus miembros, como la proclamación del evangelio entre los que han dejado la Iglesia o entre personas que viven en medios poscristianos como Europa del Este (1962:277s.).

Margull refleja un consenso amplio en círculos católico-romanos y protestantes (cf. Barth 1962:872–874; Ohm 1962:53–58; AG; Verkuyl 1978b: passim). Al mismo tiempo argumenta (:275–277) que el «evangelismo» nunca debe tener una vida propia porque se deriva de la realidad de la misión foránea y siempre debe verse en relación estrecha con ella. La «misión» es primaria, el «evangelismo» es secundario. Una de la razones para tal «sincronización» entre misión y evangelismo (Margull 1962:274) es que la distinción entre una labor realizada entre los que «todavía no son cristianos» («misión») y los que «han dejado de ser cristianos» («evangelismo») se vuelve cada vez más borrosa: ahora en Occidente hay personas en la categoría de «todavía no cristianos» (personas no solamente alienadas de la Iglesia sino que jamás han tenido relación alguna con ella); también hay personas que «han dejado de ser cristianas» (las que antes eran creyentes, pero ahora se encuentran alienadas de la Iglesia) en los territorios tradicionalmente considerados «campos misioneros» (cf. también Gensichen 1971:237–240; Verkuyl 1987b:72–74).

En segundo lugar, y para añadir a la distinción anterior, está la tendencia a definir «evangelismo» de manera más restringida que «misión». Y en la medida en que protestantes ecuménicos y católico-romanos utilizaban cada vez más la palabra «misión» para abarcar una plétora de actividades eclesiásticas (esto ocurrió en particular en la reunión del CMI en Uppsala), los evangélicos empezaban a evitar el término «misión» para utilizar únicamente «evangelismo» incluso para describir la empresa misionera «foránea». Este uso polémico de «evangelismo» en círculos evangélicos sugería que, en su perspectiva, el CMI se había equivocado al ampliar la definición de la empresa original para hacerla lo que es hoy. Johnston (1978:18), por ejemplo, afirma: «Históricamente la misión de la Iglesia es evangelismo y nada más» (cf. McGavran 1983:17: «Teológicamente misión significaba evangelismo por todos los medios posibles»). El concepto más «inclusivo» de la empresa, dice Johnston (:36), en realidad empezó con la Conferencia de Edimburgo en 1910.

En tercer lugar, en las últimas cuatro décadas aproximadamente se ha evidenciado la tendencia a percibir «misión» y «evangelismo» como sinónimos. La tarea de la Iglesia, sea en Occidente o en el Tercer Mundo, es una sola y es totalmente irrelevante si la denominamos «misión» o «evangelismo». En cuanto a los evangélicos, esto ya es claro en las definiciones de Johnston y McGavran citadas arriba.16 En los círculos del CMI y de la Iglesia Católica existe una tendencia similar. La formación de la CMME después de la asamblea del CMI en Nueva Delhi en 1961 atestigua esto; Philip Potter tenía razón, entonces, al decir que en la literatura ecuménica, «misión», «evangelismo» y «dar testimonio» son por lo general conceptos sinónimos. Y un memorandum católico romano afirma: «Hoy en día los católicos usan frecuentemente los términos misión, evangelización y dar testimonio como sinónimos» (Memorandum 1982:460).

La confusión aumentó cuando, en cuarto lugar, el término «evangelismo» o «evangelización» empezó a reemplazar «misión» en años recientes, no sólo en círculos evangélicos conservadores sino también entre católico-romanos y protestantes ecuménicos. En el caso de estos últimos, «evangelismo» o «evangelización», entendidos como idénticos a «misión», eran considerados más aceptables que la palabra «misión», debido a los matices colonialistas todavía asociados a esta última (cf. Geffré 1982:479; Gómez 1986:36). El ejemplo más destacado de una instancia en la que «evangelismo» desalojó a «misión» se encuentra en EN. El documento evita usar la palabra «misión» y en su traducción inglesa utiliza «evangelización» y sus derivados no menos que 214 veces (Barrett 1987:66). Se entiende «evangelización» como una especie de concepto «paraguas» que abarca toda la actividad de la Iglesia enviada al mundo: «Un solo término, «evangelización», define la totalidad del oficio y el mandato de Cristo» (EN 6; cf. Snijders 1977:172 Geffré 1982:489; Scherer 1987:205). De igual modo, Geijbels (1978:73–82) entiende la evangelización como concepto que incluye la proclamación, la traducción, el diálogo, el servicio y la presencia. Y Walsh (1982:92) propone «el desarrollo humano, la liberación, la justicia y la paz» como «parte integral del ministerio de evangelización».

En el caso de los evangélicos, «evangelismo» (o más comúnmente «evangelización») se prefiere a «misión» por la reacción de los evangélicos frente a lo que ellos creen que los ecuménicos entienden por «misión» (o debido a la manera en que «misión» ha sido «reconceptualizada» en Uppsala 1968 e «implementada» como «nueva misión» en Bangkok 1973 [Hoekstra 1979:63–109)]). De modo que, si Johnston (1978) escribe acerca de «la batalla por el evangelismo mundial» y Hoekstra (1979) de la «agonía del evangelismo» en el CMI, los dos manifiestan su preferencia por el término «evangelismo» en lugar del término «misión».

 

David Jacobus Bosch, Misión En Transformación: Cambios de Paradigma En La Teología de La Misión (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2000), 499–502.

 

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EN Evangelii Nuntiandi (Exhortación Apostólica del papa Pablo VI, 1975)

CMI Consejo Mundial de Iglesias

16 Esta tendencia se observa en el hecho de que las agencias evangélicas estadounidenses han estado enviando miles de «misioneros» (no «evangelistas») a Europa. En cuanto a esto, en el lenguaje evangélico el término «evangelista» generalmente es reservado para un predicador itinerante.

 

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EN Evangelii Nuntiandi (Exhortación Apostólica del papa Pablo VI, 1975)

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Evangelismo de saturación (es)

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Es la movilización total de la membresía activa de una iglesia o grupo de iglesias para cubrir un área completa con el evangelio. Este operativo ha recibido diversos nombres y formas a lo largo de los últimos 30 años. Evangelismo a Fondo fue uno de los programas pioneros a comienzos de los años de 1960, auspiciado por la Misión Latinoamericana en AL. New Life For All trabajó en África bajo los auspicios de varias agencias misioneras evangélicas. Evangelismo Explosivo comenzó en los Estados Unidos, pero se ha difundido ampliamente en todo el mundo hispanoparlante. Los resultados de estos programas de es han sido positivos esp. en áreas en las que se desarrollaron iglesias evangélicas jóvenes y fuertes (como en algunas partes de América Latina y en Nigeria), pero no han sido tan efectivos en otras partes.

 

Fuente: Pablo A. Deiros, “Prefacio a La Edición Electrónica,” Diccionario Hispano-Americano de La Misión (Bellingham, WA: Logos Research Systems, 2006).

Iglesia y misión

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La iglesia es una comunidad de creyentes que reconocen a Cristo como Salvador y le sirven como Señor, y que se han unido entre sí para un gran fin y misión. La razón por la cual existe la iglesia es el cumplimiento de una misión que el Señor le ha asignado en el mundo. Iglesia y misión son dos realidades inseparables. Según J. E. Leslie Newbigin: «Así como debemos insistir en que una Iglesia que ha cesado de ser una misión ha perdido el carácter esencial de una Iglesia, así debemos decir también que una misión que no es al mismo tiempo verdaderamente una Iglesia no es una expresión auténtica del apostolado divino. Una misión no eclesiástica es una monstruosidad tanto como una Iglesia no misionera» (The Household of God, 164–165).