Precicación (Conceptos)

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H. Manser, dice que es “el anuncio de las buenas nuevas de Dios por sus siervos por la fiel revelación de la voluntad de Dios, la exposición de la Palabra de Dios y la proclamación de Jesucristo, el Hijo de Dios. Jesucristo tuvo un importante ministerio de predicación”.[1]

Orlando Costas, lo define así: “De igual manera, la predicación recibe su autoridad de parte de Dios. Esa autoridad se desprende del hecho de que es un mensaje que está arraigado en lo que Dios ha dicho. Aún más, es un hecho que la autoridad inherente de la predicación es el resultado de la presencia misma de Dios en el acto de la predicación. La predicación es autoritaria porque el que predica no es el hombre, sino Dios a través del predicador, de modo que la palabra predicada viene a ser verdaderamente Palabra de Dios”.[2]

José Santander, menciona que la “predicación es la proclamación de los hechos pasados y maravillosos de la salvación de Dios. Estos hechos iluminan el presente con esperanza para el futuro. Tal predicación ocasiona alabanza y arrepentimiento, da consuelo y esperanza, y le lleva al creyente hacia la madurez en Cristo. Por esta razón, un artículo no es una predicación. La predicación requiere una persona por medio de la cual se presente el mensaje divino”.[3]

Samuel Vila, lo explica así: Viene del griego kerygma. Se usa en el NT de «un anuncio», o «un dar a conocer», sin conllevar necesariamente la idea de una predicación formal como se entiende la palabra en la actualidad. Cuando la Iglesia en Jerusalén padeció persecución, todos se dispersaron, excepto los apóstoles, y fueron por todas partes «anunciando el evangelio» (Hch. 8:1–4).

En Eclesiastés, Salomón se denomina a sí mismo «el predicador». De Noé se afirma que fue «pregonero de justicia» (2 P. 2:5). Pablo fue designado como predicador (heraldo) (1 Ti. 2:7; 2 Ti. 1:11; cfr. 1 Co. 9:27). A Dios le plació «salvar a los creyentes por la locura de la predicación» (1 Co. 1:21). Dios se sirve de la predicación, del anuncio de las buenas nuevas, para dar a conocer Su amor y la obra del Señor Jesucristo. «¿Cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quién les predique?… ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!» (Ro. 10:14–15).

La importancia de la predicación viene subrayada con las siguientes palabras: «La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios» (v. 17).

El objeto central de la predicación o proclamación cristiana es la persona y la obra del Señor Jesucristo, Dios manifestado en carne, muerto por nuestros pecados, y resucitado para nuestra justificación (Jn. 1:1, 14; 1 Ti. 3:16; Ro. 4:25), y que volverá para juzgar al mundo con justicia (Hch. 17:31; 24:25); estrechamente relacionada con esta proclamación está la instrucción dada al cristiano de la promesa de su recogimiento por Cristo (Jn. 14:1–4; 1 Ts. 4:13–18; Ap. 22:20), lo que constituye la esperanza presente del cristiano y su móvil para agradar al gran Dios y Salvador Jesucristo, que se dio a Sí mismo para rescatarnos y purificarnos (Tit. 2:11–14).[4]

Kittim Silva, menciona que Martínez, considera que la predicación es una “comunicación en forma de discurso oral”. El predicador no escribe para el pueblo sino que oralmente anuncia al pueblo. Más que todo, la tarea de predicar es tarea de hablar y no de escribir. Aunque no negamos la eficacia de los sermones escritos para ser leídos. Pero sí estamos conscientes de que la unción hablada es de efectos más profundos que la escrita. Por tal razón no estoy de acuerdo con los predicadores que escriben sus sermones para leerlos ante una audiencia. El sermón o predicación debe realizarse ante una situación verdadera y concreta. No niego que en otras situaciones, como por ejemplo en la radio, el sermón escrito es más efectivo y comprendido, Pero aun así el elemento de la voz le añade un toque especial. Cuando un predicador está ante una audiencia visible e inmediata, es imprescindible comunicar efectivamente el mensaje de manera natural y espontánea.[5]

En síntesis, predicación, tiene que ver con entregar un mensaje en forma oral, y  no cualquiera, sino un mensaje de Dios para su pueblo.

 

_________________________

[1]M. H. Manser, Diccionario de Temas Bíblicos, ed. Guillermo Powell (Bellingham, WA: Software Bíblico Logos, 2012).

[2]Kittim Silva, Manual Práctico de Homilética (Maimi, Florida: Editorial Unilit, 1995), 14.

[3]José Santander Franco, Introducción a La Predicación Bíblica (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2008), 8.

[4]Samuel Vila Ventura, Nuevo Diccionario Biblico Ilustrado (TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE, 1985), 950.

[5]Kittim Silva, Manual Práctico de Homilética (Maimi, Florida: Editorial Unilit, 1995), 17.

 

 

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