Características de la predicación

Primero: La autoridad de la predicación “es de parte de Dios”. Lo que distingue a la predicación cristiana de cualquier otra clase de discurso es esa realidad. El predicador no se apoya en sus argumentos persuasivos, lógicos o retóricos para dar base autoritaria a la predicación. Más bien expone el mensaje respaldado por la autoridad que Dios le ha conferido. La predicación sin la autorización divina es hueca, sin propósito, un simple discurso vacío o un ejercicio homilético.

Esa autoridad no se recibe por la disciplina homilética. La misma tiene que venir directamente de Dios. Los predicadores que han sido usados para comenzar revoluciones espirituales, han sido aquellos que han ministrado en la autoridad del Señor.

Segundo: De acuerdo a Costas “esa autoridad se desprende del hecho de que es un mensaje que está arraigado en lo que Dios ha dicho”. Predicar no es otra cosa sino dar un mensaje de parte de Dios. Por lo menos eso es lo que se espera de un predicador. El predicador es un mensajero con la tarea de dar a otros el mensaje que Dios le ha conferido. El mayor peligro y la peor presunción es dar nuestro mensaje y no el mensaje de Dios. Cuando el mensajero se predica a sí mismo, hablando de sus hechos y experiencias a expensas de los hechos y dichos de Dios, corre el grave peligro de predicar su propio evangelio.

Pablo, el gran teólogo de la iglesia cristiana dijo algo que se relaciona con el punto que está bajo consideración: “mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo” (Gálatas 1:11–12).

El mensaje de Dios tiene que llegar por revelación divina. No se produce en la mente del razonamiento humano. Dios lo tiene que dar. El apóstol no pretende en sus palabras restar importancia a la preparación homilética en el evento de la predicación. Pero sí da por sentado que el mensaje que tiene que predicarse tiene que venir de arriba.

La homilética no es un conducto o receptor para recibir el mensaje divino. Es más bien un proceso, una herramienta, un medio, o la manera de poder transmitir el mensaje divino a los seres humanos. La misma no es un fin sino un medio para alcanzar un fin.

La predicación vacía del mensaje de Dios conduce a la proclamación de un “evangelio diferente” (Gálatas 1:6), o al anuncio de “otro evangelio” (Gálatas 1:8). Lo que alguien le ha llamado “el evangelio según san yo”.

Muchos predicadores basan sus argumentos en lo dicho por Barth, Burtlman, Calvino, Lutero, Wesley, Tillich, Dietrich Bonhoeffer y otros teólogos en general. La autoridad máxima del predicador del evangelio no es la escuela filosófica del pensamiento contemporáneo o escuela del pensamiento teológico, tampoco el credo eclesiástico de la denominación o los principios dogmáticos y tradicionales. La autoridad del mensajero cristiano es respaldada “en lo que Dios ha dicho”. Es decir, en la Palabra escrita: La Biblia. Predicar sin estar arraigados en la revelación escrituraria es ¡Voz de Dios y no de hombre! (Hechos 12:22).

Tercero: El predicador es un medio, “el que predica no es el predicador, sino Dios a través del predicador”. Si los predicadores reconocieran que no es su predicación sino la predicación del Señor ….

En una ocasión alguien le dijo a Juan Bunyan: “Ha predicado un buen sermón”. Su respuesta desconcertante fue: “El diablo ya me lo dijo mientras bajaba del púlpito”.2

El conocido predicador Spurgeon dijo:

“El mensaje de Dios merece toda mi capacidad; y cuando lo transmito, debería estar allí todo mi ser; ninguna parte del mismo debe extraviarse o dormirse. Algunos, cuando suben al púlpito no están allí”.3

Muchos, después de una predicación regresan a sus hogares frustrados y desanimados. Esperaban diferentes resultados. Quizás habían pecadores y no respondieron a la invitación de salvación. Los creyentes enfermos aunque escucharon el llamamiento por sanidad divina hicieron caso omiso. Nadie los felicitó por la predicación.

El predicador debe recordar que el mensaje es de Dios. Por lo tanto, los resultados de la predicación le pertenecen a El. Toda esa psicología de altares llenos por la habilidad del predicador no son los verdaderos resultados producidos por el evangelio. Sé de muchos predicadores que si el altar no se llena después de sus predicaciones emplean cualquier artificio para satisfacer su propio ego. A Dios eso no le agrada. El es Dios y sabrá cómo y cuándo obrará.

Cuarto: El propósito es que la palabra predicada y la palabra de Dios sean lo mismo. Costas afirma: “de modo que la palabra predicada viene a ser verdaderamente palabra de Dios”. ¿Cuándo habla Dios en su sermón o en una predicación? Es una pregunta muy difícil de contestar. El predicador muchas veces está sin conocimiento natural de lo que Dios está haciendo o diciendo. En otras ocasiones los predicadores están conscientes de lo que Dios está diciendo y haciendo. Pero de alguna manera en el evento de la predicación mucho de lo que expresa el predicador es verdaderamente la Palabra de Dios. Es decir, Dios habla directamente usando la voz del predicador.

Fuente:

Kittim Silva, Manual Práctico de Homilética (Maimi, Florida: Editorial Unilit, 1995), 14–17.

 

___________________________

2 William Barclay, El Nuevo Testamento (Mateo I, vol. 1). Editorial La Aurora, p. 116.

3 C.H. Spurgeon, Un ministerio ideal (2. El Pastor – Su mensaje). Editorial El Estandarte De La Verdad, p. 33.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s